Salud y Prevención de Enfermedades en Gatos

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Nuestro veterinario nos ofrecerá en las visitas, diversas revisiones: dentales, geriátricas, de control de enfermedades específicas (leucemia felina, panleucopenia, peritonitis infecciosa felina, etc.). La gran mayoría de las enfermedades de nuestras mascotas, y las que pueden transmitir a los humanos, se pueden prevenir poniéndonos en manos de los profesionales.

¿Son realmente tan necesarias la vacunación y la revacunación?

La vacunación es el método preventivo más adecuado para evitar la aparición de diversas enfermedades, por tanto vacunar a los gatos es totalmente necesario.

Existen graves enfermedades en los gatos que pueden evitarse con la correcta vacunación. Lo más importante es seguir “al pie de la letra” las recomendaciones de nuestro veterinario, tanto en el número de vacunaciones y revacunaciones, como en las fechas en las que cada vacuna debe ser aplicada.

¿Cuales son las principales enfermedades del gato que pueden prevenirse?

Leucemia felina
Es una enfermedad vírica de los gatos que se transmite por contacto, por lamido o a través del lecho absorbente contaminado. Es una de las enfermedades más graves de los felinos que actúa sobre el sistema inmunitario, deteriorándolo y permitiendo el contagio de otras enfermedades. El animal puede perder peso, tener vómitos y diarreas, llegando incluso a desarrollar tumores cancerígenos. El tratamiento sólo consigue aliviar el sufrimiento y la mayoría de los animales mueren antes de los dos años.

Panleucopenia
Es una enfermedad extremadamente contagiosa que produce vómitos y diarrea, pudiendo llegar a ocasionar la muerte en gatos jóvenes y abortos en gatas infectadas durante la gestación. El virus que la origina puede resistir en el medio ambiente hasta un año, y se transmite por contacto directo con las heces, orina o saliva de un gato infectado, o bien indirectamente a través de objetos contaminados.

Peritonitis infecciosa felina
Es una enfermedad vírica mortal y difícil de detectar, ya que solamente con la enfermedad avanzada es cuando se presentan los síntomas: pérdida de apetito, fiebre, hinchazón de la tripa por la acumulación de líquido. Se contagia por contacto con otros gatos, sus bandejas, comederos o por ropas contaminadas. No existe tratamiento, sólo prevención mediante la vacunación.

Rinotraqueitis
Es la enfermedad respiratoria más grave de los gatos, cuyos síntomas se presentan en forma de catarro con fiebre, estornudos, mocos, tos, perdida de la voz… el animal deja de comer, adelgaza y puede morir. El virus se transmite por las secreciones de animales enfermos y a través de comederos, bebederos y ropa.

Calicivirosis
También se trata de una enfermedad respiratoria grave y frecuente. El virus que la genera suele acompañar al de la rinotraqueitis, produciendo heridas en la boca, nariz, conjuntiva del ojo y en ocasiones acabando en una neumonía mortal.

Rabia
Es una enfermedad que afecta a todos los mamíferos, incluido al ser humano. La principal fuente de transmisión es el contacto con animales no domésticos infectados. El gato, más que el perro, es el que con mayor frecuencia ha infectado al hombre. La enfermedad se transmite a través de la saliva durante la mordedura del animal infectado. El animal rabioso muestra fiebre, ansiedad, tristeza y dilatación de pupilas. En fases posteriores puede bien mostrarse furioso y llegar a morder, o bien sufrir parálisis, presentar gran cantidad de saliva y terminar muriendo.

¿Cuales son los principales parásitos externos e internos de los gatos?

Los gatos también pueden ser la residencia de parásitos externos como pulgas y garrapatas. Las pulgas son bastante frecuentes y no así las garrapatas, que podríamos considerar de aparición excepcional. Los primeros síntomas que advertiremos en nuestro gato es que se rasca más de lo habitual, tiene irritaciones en la piel e incluso pérdida de pelo.

La pulga adulta es de color marrón-rojizo y sus excrementos son pequeñas partículas negras visibles sobre el pelaje del gato. El ciclo de la pulga se resume en: pulga adulta-huevos-larvas-pupa. Además de tratar al gato, para combatirlas es imprescindible tratar el ambiente doméstico del animal, en el que la pulga pone sus huevos. Los tratamientos más eficaces son pipetas muy fáciles de aplicar que eliminan huevos y larvas.

Existen ciertos ácaros responsables de problemas auriculares que provocan una otitis, generalmente en ambos oídos, con producción de cerumen seco y oscuro. Es de sencilla curación con la aplicación de pipetas antiparasitarias.

Los parásitos internos de los gatos son las lombrices intestinales o nemátodos (ascaris y ancilostomas), que se alimentan de sangre y pueden provocar anemia. La manera más simple de infectarse es que nuestro gato ingiera heces con huevos o larvas de nemátodos. Podemos darnos cuenta de que nuestro gato tiene lombrices cuando presenta diarrea, anemia o pérdida de peso. La desparasitación debe realizarse cada dos o tres meses, aunque nuestro gato no salga a la calle, puesto que nosotros mismos podemos introducir los parásitos en nuestro hogar (por ejemplo, mediante restos de heces de animales en la suela de los zapatos). El tratamiento variará en función del tipo de infestación parasitaria, pero debemos tener muy presente que hoy en día con la simple aplicación de una pipeta se pueden combatir los principales parásitos del gato.

¿Cómo saber si un gato está enfermo?

Debemos tener presentes cuales son los síntomas de enfermedad más habituales en los gatos: pérdida de apetito, aumento o disminución de peso en breve plazo de tiempo, pereza, cansancio, sin ganas de juego o paseo, cambios en el consumo de agua, cambios en la orina (cantidad, aspecto), diarrea, presencia de sangre en la tos, vómitos y dificultad respiratoria.

Ante cualquiera de estos síntomas u otros que nos parezcan extraños e inusuales, acudiremos al veterinario para que nos confirme las sospechas de enfermedad y aplique el tratamiento necesario para solucionarlo. Un reconocimiento general del gato en casa debería incluir diferentes comprobaciones.

Explorar los dientes y encías del animal, que deberían estar blancos y rosadas, respectivamente. Si los dientes y encías están amarillos, o el gato tiene muy mal aliento, deberíamos llevarlo al veterinario.

Para tomar el pulso a un gato, debe colocarlo encima de una mesa e intentar que está relajado. Podemos encontrar el pulso en el interior de una de las patas traseras, justo en el punto de encuentro con el resto del cuerpo (la ingle). Un gato sano debería tener 120 pulsaciones por minuto.

Para poner el termómetro a un gato necesitaremos a una persona que nos ayude y es conveniente ponerle un poco de jabón o vaselina antes de introducirlo. Mientras una persona sujeta bien al gato, la otra le levanta la cola e introduce el termómetro en el ano con suavidad. Sujete el termómetro ligeramente inclinado hacia arriba, espere el tiempo oportuno (según el tipo de termómetro), séquelo y lea la temperatura. Un gato sano debería tener entre 38 y 39 grados centígrados.


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