Cómo acostumbrar a tu perro a las visitas

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No siempre la llegada de visitas a casa es un acontecimiento agradable cuando hay un perro en casa. Algunos se ponen como locos de contentos y pueden llegar a molestar con sus efusiones, otros tienen miedo o simplemente no les gusta que entren extraños en casa. Acostumbrar a un perro a recibir visitas en casa con calma y buenos modales no es una tontería, nos puede evitar que las molestias se vayan agravando hasta convertirse en un auténtico problema que hará que poco a poco nuestros amigos o familiares dejen de venir a vernos o nosotros dejemos de invitarles.

Todos conocemos perros que saltan encima de la gente cuando llegan, que ladran sin parar al oír el timbre de casa o del telefonillo de pura alegría, y otros que se asustan cuando entra alguien, les ladran o gruñen, no se dejan tocar y se apartan o incluso se meten debajo de algún mueble. También sabemos de casas en las que el perro hace todo lo que le apetece durante nuestra visita, nos salta encima, nos pide comida, corre, ladra y se empeña en ser el centro de atención continuamente. Y luego están esos casos de dueños que no desean que sus perros nos molesten y optan por encerrarlos mientras estamos allí, provocando en muchas ocasiones un concierto de lloros y ladridos.

perro-visitas-2Ninguno de estos comportamientos es correcto, y como propietarios responsables no podemos ignorarlos y dejarlos a su aire molestando a las visitas ni tampoco es bueno para el animal que lo encerremos sin más durante el tiempo que esta se prolongue. Podemos hacer mucho para que esta situación cambie y cuanto antes lo hagamos mejor para que no se agraven o cronifiquen los problemas.

Se trata de una labor que debemos acometer desde que es cachorro y que requiere de la colaboración de las personas que entran en nuestra casa. Como ellos no tienen por qué saber lo que han de hacer, debemos convertirnos en educadores, tanto de nuestros perros como de nuestras visitas. Y aunque nos hayamos descuidado en la educación del cachorro y nuestro perro ya sea adulto podemos cambiar esta situación con un poco de paciencia y la información adecuada

Ninguno de estos comportamientos es correcto, y como propietarios responsables no podemos ignorarlos y dejarlos a su aire molestando a las visitas ni tampoco es bueno para el animal que lo encerremos sin más durante el tiempo que esta se prolongue. Podemos hacer mucho para que esta situación cambie y cuanto antes lo hagamos mejor para que no se agraven o cronifiquen los problemas.

Se trata de una labor que debemos acometer desde que es cachorro y que requiere de la colaboración de las personas que entran en nuestra casa. Como ellos no tienen por qué saber lo que han de hacer, debemos convertirnos en educadores, tanto de nuestros perros como de nuestras visitas. Y aunque nos hayamos descuidado en la educación del cachorro y nuestro perro ya sea adulto podemos cambiar esta situación con un poco de paciencia y la información adecuada.

En primer lugar debemos saber que la llegada de un visitante a casa supone un momento de alta activación emocional para nuestro perro, tanto si le gusta como si no. Es básico, pues, actuar de forma que no aumentemos su excitación sino que favorezcamos las reacciones calmadas.

Muchas veces habremos oído que hay que enseñarle a sentarse, estarse quieto o irse a su cama cuando llega alguien, y también que al entrar en casa no debemos prestarle atención, mirarle, hablarle o tocarle. Pero lo cierto es que ambas cosas pueden ser contraproducentes ya que estarse quieto o no recibir la atención que un animal social necesita, son dos actitudes que pueden aumentar su excitación en lugar de reducirla, y los comportamientos que se den después pueden ser más explosivos. Asimismo, hablarles con palabras cortas y tono alto o ascendente, gritarle para que deje de ladrar o al darle una orden y hacer movimientos bruscos también aumentarán su excitación y empeorará el problema.

Cosas que en cambio ayudarán son dejar que el perro huela al recién llegado, sus manos o piernas, y que este le de un juguete o un premio. Incluso las personas a las que no les gustan los perros deben ser instruidas para que se dejen olfatear al llegar, explicándoles que así el perro satisfará su curiosidad y le dejará en paz posteriormente. Anticiparnos a la llegada de un visitante dando un paseo al perro que le ayude a liberar estrés ayudará a que cuando llegue el momento el perro se controle con más facilidad.

En vez de quedarse parado en la puerta, caminar un poco con el perro facilitará que éste pueda olfatear y libere el estrés de la bienvenida. Si quien ha entrado es amante de los animales le puede ofrecer un saludo dinámico pero calmado, no dejando que le ponga las patas encima y hablándole en un tono tranquilo.

perrosSi al recién llegado no le gustan los perros o el perro se pone a ladrar en un primer momento, lo mejor es ignorarle y actuar con naturalidad, sin regañarle ni mandarle callar. En cuanto sea posible, ayudarle a distraerse utilizando comida u olores, e incluso salir a pasear con la visita. Una buena idea puede ser iniciar un juego de olfato cuando sabemos que va a llegar alguien, para que el momento de la entrada en casa se convierta en un “fondo” con mucha menor importancia que el trabajo de encontrar sus premios diseminados por la casa.

Para los perros miedosos es crucial convertir la visita en algo bueno. El recién llegado tiene que ser especialmente cuidadoso, no debe mirarle fijamente a los ojos ni agobiarlo con caricias (si puede tocarle, es mejor que lo haga en el pecho o cuello, lugares mucho menos amenazadores para el perro que la cabeza o el lomo), dejarse oler sin hacer movimientos bruscos y ponerse de lado o de espaldas al perro ayudará mucho, o incluso sentarse en el suelo para trasmitirle el mensaje de que no es peligroso. Asociar el timbre con comida, juegos, caricias o masajes, que la visita le de un premio al entrar y que llame por teléfono en lugar de al timbre son otras ideas que se pueden poner en práctica. Si el perro opta por esconderse, el visitante debe dejarle tranquilo y no empecinarse en verle o sacarle de su escondite.

Todos estos consejos deben adaptarse a cada perro concreto y su comportamiento con sentido común ya que, por ejemplo, asociar comida con las visitas para un perro que ya las recibe efusivamente no va a hacer más que empeorar el problema. Y hay que tener en cuenta que nos referimos siempre a comportamientos normales que podemos manejar los propios dueños. En el caso de un perro cuyo miedo es tan grande que se orina y/o no sale de su escondite o de otro que amenaza con atacar a quien entre en casa debemos tomar otro tipo de medidas con ayuda de un buen profesional, pues esos comportamientos nos indican ya un problema serio que no podemos manejar sin ayuda.

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