Mi perro me muerde por accidente

Mi perro me muerde por accidente

En la convivencia con nuestros canes en ocasiones pueden ocurrir accidentes desafortunados frente a los cuales no podemos evitar sentirnos mal, llegando a pensar que nuestro perro no nos quiere o que no nos respeta.

Hay incluso quien dice que es intolerable que un perro muerda a su dueño y que debemos corregirlo de inmediato aplicando todo tipo de castigos y regañinas. Todo esto es totalmente falso, ya que si un perro nos muerde significa siempre que nosotros hemos cometido un error, y a continuación vamos a explicar el por qué.

Para empezar, si hablamos de respeto debemos tener bien clara una cosa: si queremos que nos respeten a nosotros, debemos tratar a los demás con respeto. Nuestro perro no es nuestro subordinado, debemos tratarlo siempre como a un compañero y miembro de la familia, creando con él una relación de confianza y respeto mutuos que serán la base para la correcta convivencia.

Al convivir con mascotas debemos ser conscientes de lo que tenemos en casa. Tienen formas de comunicarse distintas a las nuestras, se relacionan con nosotros utilizando sus patas y sobretodo su boca, y no es raro que en ocasiones ocurran accidentes o se den situaciones extremas donde nuestro perro reaccione de una manera inesperada.

Cómo reaccionar ante el mordisco de un perro

Hay varios motivos por los que nuestro perro puede mordernos, y depende del desencadenante debemos reaccionar de una forma u otra. Lo único común a cualquier caso de mordida es que JAMÁS DEBEMOS CASTIGAR AL PERRO, ya que un castigo nunca va a arreglar nada, la mayoría de las veces el perro ni siquiera va a saber por qué se le está castigando y normalmente lo único que se consigue es empeorar la situación.

Si estamos jugando con nuestro perro y sin querer nos da un mordisco, por ejemplo al intentar coger el juguete de nuestra mano, simplemente debemos hacer lo mismo que haríamos si alguien sin darse cuenta nos pisa el pie o nos da un codazo, ya que se trata de un simple accidente: decimos ¡AY! y paramos el juego unos segundos, en la mayoría de los casos el perro se asustará un poco con nuestro grito y enseguida se dará cuenta de lo que ha pasado; solo con eso suele ser suficiente para que la próxima vez vaya con más cuidado. De no ser así, puede significar que nuestro perro está demasiado excitado ante el juego y deberíamos trabajar para bajar los niveles de excitación, no es bueno que el animal se sobreexcite jugando ya que entonces se convierte en una actividad que en lugar de relajarle lo dejará más nervioso al terminar.

También puede darse un mordisco accidental si por ejemplo nuestro perro tiene algún tipo de dolor y tocamos la zona donde le molesta, o si está profundamente dormido y le despertamos de forma inesperada, en estos casos el animal se sobresalta y tiene una reacción mecánica; debemos evitar estas situaciones, no le molestaremos mientras duerme o si es necesario despertarlo siempre con suavidad, y le manipularemos con cuidado si sospechamos que puede sufrir dolor en alguna parte. Si se da el caso de tener que hacerle curas, con mucha paciencia desensibilizaremos el proceso mediante premios y snacks que hagan la situación agradable para el animal.

Otro de los motivos por los cuales podemos llevarnos un mordisco es la agresividad redirigida. La agresividad redirigida se produce cuando el perro se encuentra ante un estímulo que le provoca una reacción agresiva y algo o alguien se interpone e impide que el animal ataque a su objetivo, con lo cual el perro redirige su ataque hacia el elemento que lo impidió o cualquier otro que se le ponga por delante en ese momento, de forma totalmente mecánica, normalmente sin darse ni siquiera cuenta de lo que está haciendo ya que se trata de una reacción instintiva. Un ejemplo muy claro de este comportamiento es cuando dos perros se encuentran enzarzados en una pelea y los dueños intentan separarlos, no es raro que alguno de los dueños termine con un bocado en el brazo, la mayoría de veces de su propio perro ya que al irlo a agarrar para alejarlo y notar el animal el contacto, redirige el ataque sin pararse a mirar dónde acaban sus fauces. En estos casos poco podemos hacer, ya que simplemente nuestro perro no ha sido capaz de gestionar la situación en ese momento. Si se repite con frecuencia deberíamos acudir a un profesional ya que significaría que el animal está estresado y tiene poca capacidad para gestionar el contacto, habría que desensibilizar ante los estímulos que le provoquen agresividad o/y positivar el contacto. Si tenemos un perro con ese problema, una vez que seamos conscientes de lo que le sucede debemos ser cuidadosos mientras se rehabilita, trataremos de conocer y anticipar los estímulos y situaciones que provocan agresividad redirigida en nuestra mascota para así poder evitarlas.

Algo que desgraciadamente también suele darse con frecuencia son los casos de protección de recursos. Los ejemplos más claros de este tipo de agresión son cuando el perro defiende un juguete o comida, no permitiendo que nos acerquemos a él gruñendo, mostrando los dientes e incluso llegando a morder si insistimos. La protección de recursos es un síntoma claro de que el perro no tiene confianza en nosotros, cree que vamos a quitarle algo muy preciado para él (especialmente en el caso de la comida, el recurso más básico) y lo defiende para evitarlo. En este caso hay varios métodos para solucionar el problema, pero básicamente se trata de trabajar nuestra relación con el perro para ganarnos su confianza y que entienda que nosotros no vamos a “robarle” sus cosas. Un método sencillo para solucionar la protección de recursos con la comida podría ser el siguiente: en el momento de darle de comer, dejar el comedero vacío en su sitio. Cogemos un puñado de pienso y nos acercamos al comedero para dejarlo, si el perro gruñe simplemente nos retiramos sin decir nada y sin dejar la comida en el plato. Repetimos esto hasta que finalmente podamos meter la mano en el comedero y dejar el pienso sin que el perro gruña, y repetimos el mismo proceso con el siguiente puñado y así hasta terminar su ración correspondiente, y durante varios días. De esta manera no empeoramos la relación con nuestro perro y él con el tiempo asociará que cada vez que nos acercamos a su plato es para añadir más comida, con lo cual no tendrá sentido impedir que nos acerquemos y dejará de hacerlo. Ante cualquier duda o si el caso es grave deberemos buscar ayuda de un profesional antes de que el problema continúe empeorando, cosa que suele ocurrir en este tipo de problemas.

Por último, el miedo es otro de los motivos que puede llevar a un perro a modernos. La primera reacción de un perro con miedo sería huir, pero si se ve acorralado o sobrepasado por la situación su siguiente opción será atacar, normalmente con un marcaje (muerde y suelta inmediatamente, no se queda agarrado). Jamás bajo ningún concepto se debe castigar a un perro que muerde por miedo, ya que el castigo generaría más miedo y el siguiente ataque sería peor. Los perros con miedo muestran claras señales que delatan su incomodidad ante la situación, debemos fijarnos en el lenguaje corporal del animal y no forzar nunca la situación. Un perro con miedo nos percibe como una amenaza y si no respetamos su espacio le estaremos “obligando” a atacar, ya que el animal en ese momento puede llegar a pensar que su vida corre peligro y que debe defenderse.

Resumiendo, en la mayoría de los casos está en nuestra mano evitar el mordisco, debemos entender a nuestros compañeros, buscar el origen real del comportamiento y ayudarles a superar o evitar las situaciones que les hacen reaccionar de esta manera. Es normal que a veces nos sintamos mal o nos enfademos ya que no es agradable recibir un mordisco de tu mascota, pero como hemos visto ellos no tienen la culpa ni quieren hacernos daño, ni dominarnos, ni vengarse ni nada extraño, simplemente son reacciones lógicas ante situaciones que escapan a su control y frente a las cuales se sienten superados.

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