Leptospirosis canina: síntomas y tratamiento

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La leptospirosis canina es una enfermedad infecciosa causada por una bacteria: la leptospira. Hay siete variedades o serotipos diferentes que afectan a los perros, siendo solo dos o tres las que se encuentran más frecuentemente, pero no son las mismas en las distintas regiones. Se encuentra distribuida por todo el mundo, especialmente en zonas húmedas, ya que sobrevive mucho tiempo en el agua. Afecta a muchas especies, incluido el hombre, y las poblaciones de ratas y otros roedores suelen ser un importante reservorio y fuente de contagio.

En los perros es una enfermedad grave, que puede llevar a la muerte aún cuando se realiza el tratamiento adecuado. La leptospirosis canina se presenta de distintas formas según el serotipo de la bacteria, su grado de agresividad y el estado sanitario del perro.

Contagio de la leptospirosis canina

La forma de contagio es por contacto directo con orina de animales enfermos, o indirecto a través del agua, la tierra y el alimento de los perros contaminados. Las condiciones de calor y humedad favorecen la conservación y propagación de la bacteria, por lo tanto la enfermedad es más frecuente en los meses de verano y principio del otoño. Cuando el perro come, bebe o huele el material contaminado, las bacterias penetran las mucosas de la boca, nariz u ojos y se multiplican, invadiendo la sangre. Por este medio se distribuyen a los riñones, el hígado y otros órganos.

La enfermedad puede desarrollarse en seguida o después de un largo tiempo de incubación, pero el perro despide bacterias en su orina a partir del octavo día de la infección. La incidencia de la leptospirosis canina es mayor en los machos que en las hembras, pues ellos van husmeando el suelo para marcar su territorio y por eso están más expuestos.

La manifestación de la enfermedad es variable, pudiendo quedar latente o ser muy aguda (puede causar la muerte en 48 hs.), con todas las variantes intermedias. Cuando aparece, es porque se afectan el hígado, los riñones o los vasos sanguíneos.

Síntomas de leptospirosis en perros

Los primeros signos clínicos de la leptospirosis canina son falta de apetito, fiebre alta y vómitos durante dos o tres días. Más adelante aparecen gastroenteritis hemorrágica, dolores musculares, aumento de la orina y la sed, lesiones necróticas en la boca, encías sangrantes, ictericia (color amarillo en las mucosas) y un descenso de la temperatura corporal. El abdomen se encuentra muy doloroso a la palpación; puede haber hemorragias a nivel de las mucosas y de la piel. En el caso de que se produzca una insuficiencia renal aguda habrá disminución de la orina en vez de aumento. En los análisis de sangre se alteran las enzimas hepáticas, los glóbulos blancos y los indicadores de la función renal. También es anormal el análisis de orina.

Para diagnosticar la leptospirosis en perros se toman en cuenta los signos clínicos, que son bastante característicos y los análisis de sangre y orina. También se puede hacer un test serológico que demuestra la presencia de anticuerpos o un cultivo de orina que detecta la bacteria. Sin embargo, esta es una bacteria difícil de cultivar y este método puede dar resultados falsos.

Tratamiento de la leptospirosis canina

El tratamiento debe comenzar lo antes posible y consiste en grandes dosis de antibióticos: penicilina y estreptomicina durante 7 a 10 días en forma inyectable. Además hay que dar suero, transfusiones de sangre y las medidas de sostén que hagan falta para que el perro se recupere. Si no se dan los antibióticos correctamente, el perro puede quedar como portador por un período que va entre 1 y 4 años y seguir eliminando bacterias por la orina. Es muy importante usar guantes descartables y desinfectar o destruir los elementos que se usan para curaciones y tratamiento para evitar el contagio de la leptospirosis canina a las personas. Una vez superada la enfermedad hay que tener cuidado de no tocar la orina del perro hasta saber si no ha quedado como portador.

La prevención de la leptospirosis canina consiste en aplicar las vacunas preventivas junto con las demás vacunas anuales y eliminar las poblaciones de roedores. En zonas de riesgo alto tu veterinario puede recomendarte aplicar la vacuna cada seis meses. Además es importante controlar a tu perro en la calle para evitar, en lo posible, que huela los orines de otros animales.

Ayudante Técnico Veterinario especializada en etología canina. Tiendanimal me ha permitido durante años trabajar en lo que más me apasiona: el mundo animal. Compagino mi trabajo colaborando como voluntaria en protectoras, santuarios, reservas y cualquier evento o actividad relacionada. He realizado diversos seminarios y cursos relacionados con la educación canina, las aves, la primatología y un largo etcétera. Disfruto aprendiendo cada día de estos increíbles compañeros con los que tenemos la suerte de convivir.

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