La lactancia es una de las etapas de mayor exigencia física en la vida de una gata, y son muchos los propietarios que, al enfrentarse por primera vez a una camada en casa, no saben muy bien por dónde empezar con la alimentación. Según recoge la Federación Europea de la Industria de Alimentos para Mascotas (FEDIAF), el gato es un carnívoro estricto con unos requerimientos proteicos y energéticos que se disparan durante la producción de leche.
Si te preguntas qué debe comer una gata lactante para criar a sus cachorros sin poner en riesgo su propia salud, aquí tienes una guía completa con las claves más importantes. Y si quieres empezar por una buena base, puedes echar un vistazo a esta ficha de pienso para gatas gestantes y lactantes antes de seguir leyendo.
Por qué cambian las necesidades nutricionales durante la lactancia
La alimentación de gatas lactantes representa el mayor reto metabólico y nutricional en la vida de la hembra felina, ya que el organismo puede llegar a necesitar entre el doble y el cuádruple de energía respecto al mantenimiento habitual. La producción de leche exige una movilización constante de glucosa, aminoácidos, ácidos grasos esenciales y minerales, y si la dieta no cubre esa demanda con un aporte concentrado y de alta digestibilidad, la gata recurre al catabolismo de sus propias reservas musculares y grasas, lo que compromete tanto su salud como la viabilidad de la camada.
Desde el punto de vista fisiológico, la leche felina es muy rica en proteínas y sólidos totales para sostener el rápido crecimiento de los gatitos. La demanda de aminoácidos como la taurina y la arginina alcanza su punto máximo durante esta fase: la taurina, en concreto, ayuda a prevenir cardiopatías y problemas de retina tanto en la madre como en las crías que la reciben a través del calostro y la leche.
La demanda energética varía según la fase de lactancia y el número de gatitos, alcanzando su punto álgido entre la tercera y la cuarta semana tras el parto. La falta de un ajuste nutricional oportuno se traduce en una pérdida de condición corporal, un descenso del volumen de leche y una inmunidad pasiva más débil en los cachorros.
🔔 Un truco sencillo para vigilar el estado de la madre: pesala una vez por semana. Una pérdida de peso mantenida suele ser la primera señal de que el aporte calórico se está quedando corto.
Cuánta comida necesita una gata lactante
Para saber cuánto debe comer una gata lactante conviene olvidarse de las raciones fijas y optar por un régimen de libre disposición, o ad libitum. La ingesta puede pasar de unas cantidades moderadas en la primera semana tras el parto a más del doble en el pico de amamantamiento, sobre todo con camadas numerosas, y ese volumen difícilmente cabe en el estómago felino si se reparte en pocas tomas.
El cálculo parte del Requerimiento Energético de Reposo (RER) del animal, sobre el que se aplican factores multiplicadores en función de la semana de lactancia y el tamaño de la camada. Dado que el estómago de la gata no puede expandirse de forma ilimitada para alojar la cantidad de croquetas necesaria, restringir el alimento mediante gramajes diarios programados acaba provocando agotamiento nutricional. En la mayoría de las hembras, la ingesta se autorregula bien si hay una dieta hipercalórica disponible de forma permanente.
Qué tipo de alimento darle durante la lactancia
A la hora de elegir qué pienso dar a una gata lactante, lo recomendable es optar por fórmulas comerciales completas pensadas para gatitos en crecimiento (kitten) o productos específicos para gestación y lactancia. Este tipo de comida para gatas lactantes ofrece la densidad calórica, el nivel proteico y el porcentaje de grasa que la lactación exige.
La calidad de los ingredientes y el origen de la proteína son fundamentales, ya que las gatas, como carnívoros estrictos, necesitan un perfil de aminoácidos con alta digestibilidad. Las fórmulas de crecimiento aportan además ácidos grasos esenciales como el DHA, necesarios para el desarrollo cerebral y visual de las crías a través de la leche.
📌 Un consejo si tu gata rechaza el pienso de crecimiento al principio: mézclalo con un poco de comida húmeda de la misma gama. Suele bastar para que lo acepte sin resistencia.
Para reforzar la aceptación de la comida húmeda, muchas gatas responden bien a una consulta previa en una clínica, que puede orientar sobre pautas de transición alimentaria si la madre presenta rechazo persistente o problemas digestivos.
Cada cuánto y cómo ofrecerle la comida
Saber cómo alimentar a una gata en periodo de lactancia implica respetar su pauta natural de ingesta, basada en múltiples tomas pequeñas repartidas a lo largo del día, ya que la capacidad del estómago felino es reducida y no admite raciones masivas y espaciadas.
El protocolo idóneo pasa por mantener el comedero de pienso seco permanentemente lleno y accesible las 24 horas, complementando con varias raciones diarias de comida húmeda de crecimiento en recipientes limpios. Es importante situar los puntos de agua y comida cerca de la paridera, ya que durante las primeras semanas la madre se muestra reacia a alejarse de las crías y, si los recipientes quedan lejos, reducirá voluntariamente su consumo.
El espacio de alimentación debe ser tranquilo y libre de ruidos o amenazas percibidas. El estrés inhibe la secreción de oxitocina y prolactina, lo que reduce tanto el apetito materno como la producción de leche.
La importancia de la hidratación
El agua es el nutriente limitante más crítico durante la lactancia, ya que la leche felina está compuesta en gran parte por agua. Una restricción hídrica, por pequeña que sea, provoca una caída inmediata en el volumen de leche y expone a la madre a deshidratación, estreñimiento y riesgo de mastitis.
🚨 Si notas que la gata apenas se acerca al agua, revisa la ubicación del bebedero: colocarlo lejos del arenero y de la zona de comida suele mejorar mucho el consumo.
Dado que los gatos tienen evolutivamente una baja pulsión de sed, depender de un único bebedero estático suele resultar insuficiente. Para maximizar el consumo conviene distribuir varios puntos de hidratación y, si es posible, incorporar una fuente de agua circulante, ya que el movimiento del agua estimula a beber más. La comida húmeda también ayuda de forma indirecta a mantener una buena hidratación.
Si el consumo de agua sigue siendo bajo pese a estos ajustes, puede ser recomendable consultar con una clínica veterinaria para descartar otras causas.
Suplementos: cuándo pueden ser necesarios
En la nutrición felina, añadir suplementos minerales o vitamínicos de forma sistemática a la dieta de una gata lactante es innecesario, e incluso puede resultar perjudicial, si el animal ya consume un alimento comercial completo formulado para gatitos o para gestación y lactancia. Las fórmulas industriales de calidad contienen concentraciones ya equilibradas de micro y macronutrientes.
La suplementación de calcio sin control profesional es un error frecuente que puede alterar la homeostasis endocrina del animal. Dosis elevadas de calcio oral pueden suprimir la producción de hormona paratiroidea, incapacitando a la madre para movilizar el calcio de sus propias reservas óseas cuando la demanda láctea se intensifica, lo que paradójicamente favorece la eclampsia. El exceso de vitaminas liposolubles como la A o la D también puede causar toxicidad hepática.
El uso de suplementos debe quedar reservado para casos diagnosticados por un veterinario, como hembras con desnutrición severa, malabsorción intestinal o camadas muy numerosas donde la madre sufra un desgaste patológico. Ante cualquier duda sobre suplementación, consulta siempre con tu veterinario.
Errores frecuentes al alimentar a una gata lactante
El manejo alimentario erróneo durante la lactancia felina suele derivar de la falta de información. Detectar estas prácticas a tiempo es clave para proteger la salud materna y garantizar la supervivencia de la camada.
Un error habitual es racionar la comida o mantener a la gata con un pienso de adulto de mantenimiento, que carece de la densidad energética y proteica que la lactancia exige. Otro error grave es dar leche de vaca. Los gatos adultos tienen un déficit de la enzima lactasa, por lo que la lactosa desencadena diarreas y vómitos que aceleran la deshidratación.
La sustitución de alimentos comerciales equilibrados por dietas caseras sin formular, ya sean crudas o cocinadas, también entraña riesgos importantes porque suelen presentar deficiencias de taurina, calcio y oligoelementos, además de ser un vehículo de transmisión de patógenos que pueden provocar infecciones graves en los neonatos.
Cuándo empieza el destete y cómo cambia su alimentación
El destete es el proceso mediante el cual los gatitos pasan de la lactancia exclusiva al consumo de alimento sólido. Ajustar la alimentación de la gata durante esta fase ayuda a reducir progresivamente la producción láctea y a prevenir la ingurgitación mamaria o la mastitis.
El destete comienza de forma natural en torno a la cuarta semana de vida de los gatitos. La aparición de los dientes de leche provoca molestias en los pezones de la madre, que empieza a restringir voluntariamente el tiempo de amamantamiento. En este momento conviene ofrecer a los gatitos el mismo pienso de crecimiento de la madre, rehidratado con agua templada, en forma de papilla.
Entre la quinta y la sexta semana, los gatitos ya mastican croquetas secas y comen alimentos húmedos por su cuenta. Hacia la sexta o séptima semana, el destete nutricional está prácticamente completado, aunque pueden persistir tomas afectivas puntuales hasta la octava semana. A medida que disminuye el amamantamiento, conviene reducir de forma gradual la ingesta calórica de la madre, reintroduciendo progresivamente un pienso de adulto de mantenimiento adaptado a su nuevo estado metabólico.
⚠️Si tienes dudas sobre cómo gestionar esta transición con la camada, puedes consultar la guía sobre el proceso de destete en gatos, y para vigilar que los gatitos beben lo necesario durante esta fase, resulta útil repasar por qué mi gato no bebe agua.
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