El lince ibérico

El lince ibérico está considerado como el felino más amenazado del mundo, incluido en la Lista Roja de la Unión Mundial por la Naturaleza (UINC) de especies “en riesgo crítico de extinción”. Su población en los años 60 superaba los 4000 ejemplares, pero este número se ha ido reduciendo drásticamente. Hasta 1973 estuvo considerado por ley como una alimaña, a partir de ese año se lo empezó a proteger y recién desde 1996 su caza fue considerada delito.

Es una especie endémica de la Península Ibérica, y se estima que en la actualidad su número se reduce a no más de 160 ejemplares. Solo se ha demostrado su presencia en Doñana, donde habitan el parque nacional, y en la Sierra Morena, así como en Cardeña y Montoso en la provincia de Córdoba. Hay indicios de su presencia en otras zonas, como el sur de Madrid, pero son imposibles de detectar con los sistemas de localización utilizados en la actualidad.

Características del lince ibérico

Es un carnívoro de la familia de los félidos. Mide de 0,80 a 1,30 m de longitud, más la corta cola de 10 a 25 cm, y tiene una alzada de unos 75 cm. Sus patas son gruesas y fuertes, y las orejas puntiagudas, con un espeso mechón de pelo negro en su punta. El lince ibérico es más pequeño que el lince eurasiático, llegando solamente a la mitad de su talla. Los machos adultos pesan un promedio de 12,8 kilogramos y las hembras sobre 9,3 kg, llegando a pesar algunos machos hasta 20 kg. Su cuerpo está cubierto por un pelaje espeso y suave que se alarga en la cara y forma dos mechones puntiagudos y colgantes que, junto con los de las orejas, dan al animal un aspecto muy particular. El pelaje del lince ibérico es en parte gris rojizo, con manchas castañas, y en parte blanco; la barba está formada por dos mechones puntiagudos, tienen una capa manchada de manera diferente que los linces eurasiáticos de Europa occidental.

Comportamiento del lince ibérico

Los linces viven de manera solitaria y nómada, volviéndose más sociables en la temporada de apareamiento. Las hembras alcanzan la madurez sexual al año de edad. Una vez que consiguen su territorio, se aparean solamente con machos cuyos territorios se superponen con el de ella y luego se separan. La gestación dura unos dos meses y nacen generalmente 2-3 cachorros (pueden ser hasta 5) entre marzo y septiembre. Los cachorros de lince ibérico viven con la madre entre 7 y 8 meses y luego en su territorio en forma independiente hasta los 20-24 meses, cuando se dispersan.

Los linces son animales nocturnos; su mayor actividad comienza a partir del atardecer, mientras se preparan para las cacerías nocturnas. Su principal presa son los conejos salvajes, pero cuando estos escasean, especialmente en verano debido a los brotes de mixomatosis, se los ha visto cazando pequeños cervatillos, cabritos o patos.

El lince ibérico en peligro de extinción

Las principales causas de la drástica reducción en el número de linces en estado salvaje son la desaparición del conejo, su principal alimento, la persecución directa por parte de cazadores y la construcción de grandes infraestructuras viarias, ferroviarias e hidráulicas que alteran su hábitat de manera irreversible.

Son todavía numerosos los linces que mueren en las trampas, como cepos y lazos, preparadas indiscriminadamente en el monte, a manos de los perros de caza y también por disparos directos de cazadores furtivos o de monteros, que no dudan en tirar ante cualquier animal que se mueva sin tener la precaución de identificar de qué especie se trata. También se reportan muchos casos de linces atropellados en las carreteras.

El lince ha ido perdiendo territorio debido generalmente a las infraestructuras humanas, y por tanto las poblaciones se han ido separando paulatinamente unas de otras hasta llegar a estar totalmente incomunicadas, fragmentadas y aisladas por barreras de distintos tipos que impiden el intercambio genético entre poblaciones. Éste es uno de los problemas actuales más importantes para la conservación de la especie.

El Plan Hidrológico Nacional incluye doce proyectos que supondrían una evidente amenaza para las exiguas poblaciones de lince ibérico. Estos proyectos son en su gran mayoría embalses y, lamentablemente, dos de los embalses más impactantes se encuentran ya en construcción, como son el embalse de Irueña (Salamanca) y el de Andévalo (Huelva).

Programas de conservación del lince ibérico

Existen en la actualidad planes que apuntan a la recuperación de la especie. Entre ellos se destaca el Programa de Conservación Ex-situ del Lince Ibérico, en Doñana. Este es un programa de cría de linces en cautividad realizada fuera de su hábitat natural. Su finalidad es mantener una reserva de animales como salvaguarda frente a una posible extinción hasta que las condiciones de tamaño y viabilidad de la población silvestre hayan sido restauradas.

En el caso de este felino, el programa de conservación ex-situ se plantea como una herramienta de apoyo al programa de recuperación de la especie, y sus objetivos primordiales incluyen la conservación del máximo de variabilidad genética existente actualmente en la naturaleza y la producción de un número suficiente de ejemplares para su reintroducción futura en las áreas de distribución histórica de la especie. Cabe destacar que esto solo será posible si se eliminan las causas que los han llevado a su casi total extinción.

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