La vida de Krishna en la protectora

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Tras el éxito de la primera parte de la vida de Krishna, hoy os dejamos con la segunda entrega, ¿cómo vivía Krishna en la protectora?

Krishna era otro perro de tantos, maltratado y abandonado a su suerte. Lo dejaron en la protectora de animales en octubre de 2010, nadie recordaba con exactitud de dónde vino: unos decían que le llevó la policía tras haber intentado morder a un niño, otros que fueron unas personas que tenían miedo de tenerle rondando cerca de sus casas debido a su apariencia lobuna. En cualquier caso, tenía un miedo atroz a la gente y no se dejaba tocar, cuando los voluntarios intentaban acercarse a él, huía aullando aterrorizado.

En la protectora, como en todas, iban muy faltos de recursos, no solo económicos sino también humanos. Los voluntarios son pocos y no dan abasto para atender a tantas almas desdichadas. Krishna, así como el resto de perros miedosos y con traumas, necesitaba una dedicación total para intentar recuperarlo, horas y horas de paciencia infinita. Los voluntarios carecían del tiempo suficiente para intentarlo y desde luego una parcela con otro montón de perros alrededor no era lugar adecuado para conseguirlo.

Y así, Krishna quedó olvidado en una parcela del refugio, catalogado como “inadoptable” por su desconfianza, comiendo mal y poco y sin contacto ninguno con humanos durante casi dos años. Le esperaba una vida de miedo constante, a la intemperie en un erial cercado y rodeado por perros a los que también temía.

¿Cómo lo conocimos?

Mi marido y yo fuimos a la protectora como voluntarios por primera vez en marzo de 2012 y ese mismo día, mientras la recorríamos conociendo las instalaciones y escuchando las explicaciones de lo que podíamos hacer para ayudar, vi a Krishna tumbado en la esquina más alejada de una de las últimas parcelas. Al instante sentí algo especial en mi interior y supe que aquél sería mi perro, mi compañero.

Nos explicaron su historia y me empeñé en pensar que aquel animal tenía una oportunidad de salir adelante y que yo iba a ser quien se la diera. Decidimos que durante nuestras visitas a la protectora íbamos a dedicar el tiempo que tuviéramos y todo nuestro esfuerzo en tratar de ganarnos su confianza y así poderle ayudar. Pero no sería nada fácil, puesto que el trabajo solo nos permitía acercarnos al refugio una vez por semana o cada quince días y tanto nuestros conocimientos como nuestra experiencia con perros eran muy básicos.

Durante varios meses estuvimos entrando en aquella parcela a pasar la mañana entera jugando con los otros perros. Llevábamos los bolsillos llenos de trozos de salchicha para darles a todos, esperando que Krishna alguna vez cogiera alguno de los que le tirábamos a su esquina en lugar de salir corriendo aterrado como hacía habitualmente. Y no fue hasta pasados cinco meses que se atrevió a oler por primera vez uno de los trozos. A partir de ahí, poco a poco empezó a tranquilizarse y dos meses más tarde ya podíamos darle salchichas desde unos tres metros de distancia. Se las comía, siempre moviéndonos despacio, sin mirarle directamente a los ojos, extremadamente cuidadosos para no asustarle.

Y un día por fin se dejó acariciar

El 6 de octubre de 2012 es una fecha que no olvidaremos nunca: aquella mañana cuando mi marido se acercó a Krishna, él no huyó. Un amigo y yo nos dedicábamos a distraer a los otros perros para que no se acercaran, mientras Dan se aproximaba muy lentamente a Krishna y le ofrecía un trozo de salchicha. Krishna la olió y comió de su mano. Entonces yo me acerqué también y pude acariciarle. Krishna estaba paralizado de miedo: hacía dos años que no le tocaba un ser humano.

Entonces los otros perros de la parcela se nos echaron encima para atacarle y tuvimos que apartarlos como buenamente pudimos. Parecía que algo no estaba bien, esa reacción del resto de perros, y que Krishna se dejara tocar cuando hasta la semana anterior apenas podíamos estar a 3 metros de él, era extraño.

Marcharnos de allí fue una tortura, si hubiera podido me lo habría llevado a casa en ese mismo momento. Hablamos con la protectora, queríamos quedarnos con Krishna pero era imposible por nuestra situación personal y, tratándose de un perro con tantos problemas, necesitaría unos dueños capacitados para ayudarle a recuperarse y aprender a vivir en familia. Nosotros carecíamos totalmente de experiencia y conocimientos.

Nos dieron toda clase de facilidades y todo el tiempo necesario para ir acostumbrándole a nosotros, a la correa, a pasear… y nos propusieron una adaptación progresiva llevándolo a casa a pasar primero una tarde, después una noche, un fin de semana, para posteriormente tenerlo en acogida mientras nuestra situación mejoraba.

Con esas promesas, y ya más tranquilos, nos marchamos a casa, sin imaginar el vuelco que iba a dar la situación y cómo iba a cambiar nuestra vida y la de Krishna en tan sólo dos días.

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5 comentarios en «La vida de Krishna en la protectora»

  1. Gracias por existir… Mirando las telenoticias dan ganas de vomitar pero leyendo esto que con vuestro tiempo y esfuerzo hacéis por este peludin me doy cuenta que no todo esta perdido con esta raza a la que llamamos HUMANA… Doblemente GRACIAS POR EXISTIR!!!

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  2. Estoy llorando!es una historia preciosa!espero que tenga un final feliz.y espero que en el mundo haya muchas,muchísimas personas como vosotros.de corazón gracias

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