¡EMERGENCIA!

Cuando llevas una mascota por primera vez a tu casa te conviertes en una suerte de “padre o madre primerizo/a” y cualquier problema de salud que tu pequeño tenga te asusta, así sea algo de poca importancia. En estos casos corres al veterinario en busca de ayuda y tratamiento.

Con el tiempo vas aprendiendo y te das cuenta que algunas heridas puedes atenderlas y limpiarlas tú mismo, si tu mascota tiene una patología crónica, como una alergia, aprendes a manejarla dentro de ciertos límites y solo le llevas al doctor cuando ves que no puedes controlarla de la manera que él te indicó la última vez. Esto está bien, es como cuando decides esperar a ver si la fiebre en un niño desaparece con un medicamento antitérmico y llamas al pediatra al día siguiente.

Sin embargo hay una cantidad de síntomas y padecimientos que deben ser atendidos sin demora, no importa la experiencia que tengas en cuidar a tus animales. La siguiente es una lista de esos casos en que lo mejor es acudir rápidamente al veterinario para evitar que la situación empeore:

  • Dificultad par respirar: una respiración con ruidos anormales, o cuando ves que le cuesta mucho esfuerzo llevar aire a los pulmones o expulsarlo. El animal se ve en un estado de agonía, si está parado, separa las manos como para ampliar la capacidad torácica. Una coloración azulada de la lengua o las mucosas indica falta de oxígeno. Toma a tu mascota lo más delicadamente que puedas, sin que se ponga nerviosa y llévala a su veterinario de inmediato.
  • Sangrado que no se detiene en cualquier parte del cuerpo. Toma un algodón, gasa o un paño limpio, presiona la herida con tus manos o mediante un vendaje ajustado. Si es posible lleva la parte herida a un nivel más alto que el corazón. Si no se detiene luego de uno minutos, deberás llevarlo a que lo atienda un profesional.
  • Abdomen muy distendido, doloroso o inflamado, no importa que tenga o no vómitos. Un abdomen agudo puede necesitar una intervención quirúrgica de emergencia y es una situación de extrema gravedad. Llama al veterinario, avísale lo que le está pasando a tu mascota y acude a donde te indique.
  • Incapacidad para orinar o defecar a pesar de los intentos repetidos por lograrlo. También si presenta orina o materia fecal con mucha sangre. Si hace una sola deposición con sangre y se siente bien, puedes esperar a ver la siguiente o si desmejora su estado físico y recién ahí acudir al veterinario. Si no puede orinar, llévalo de inmediato.
  • Golpe de calor. Si tu perro o gato ha estado sometido a un calor extremo, como quedarse dentro de un auto en verano o al sol sin poder correrse, y ves que jadea pesadamente, se muestra muy débil y su temperatura corporal está sobre los 40ºC, moja todo su cuerpo con agua fresca, no helada, y llévalo a la consulta en seguida. El animal debe recibir atención aunque parezca encontrarse bien, pues el golpe de calor provoca efectos tardíos que acaban dañando órganos vitales en forma de cascada.
  • Incapacidad de eliminar cachorros durante el parto. No esperes si tu perra o gata lleva más de una hora con contracciones o más de 15 minutos con las membranas o parte del cachorro a la vista. Puedes intentar tomar el bebé y tirar suavemente en dirección a los corvejones de la madre. Si ves la cara, quítale las membranas que recubren la nariz y boca.
  • Pérdida de equilibrio, de conciencia o convulsiones. Esto incluye pérdida repentina de la visión, caminar sin rumbo, inclinación de la cabeza, morder objetos imaginarios, cambios repentinos de comportamiento, como agresividad o aislamiento inusuales.
  • Dolor severo y continuo. Ten cuidado pues un animal muy dolorido puede morder o arañar incluso a su dueño.
  • Traumatismo severo o shock, ya sea por una caída, accidente automotor, peleas con otros animales, heridas o fracturas. Es mejor si puedes colocar al animal sobre una tabla o bandeja rígida para evitar movimientos que empeoren el cuadro. Si el cuerpo está frío por el shock, tápalo con una manta.
  • Signos manifiestos de debilidad, colapso, respiración superficial, taquicardia, pupilas dilatadas.
  • Ingestión de un producto tóxico. Cuando salgas con tu mascota hacia la veterinaria no olvides llevar el recipiente de lo que comió, pues suele contener datos útiles.
  • Heridas penetrantes en cualquier lugar del cuerpo, especialmente en el pecho o abdomen.
  • Cojera severa, en que el animal no puede soportar peso sobre el miembro afectado. Esta situación no es de gravedad extrema, pero provoca mucho malestar al animal y, en el caso de una fractura, se evitarán daños mayores si es atendido lo antes posible.

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